viernes, 23 de enero de 2015

Del libre albedrío


Nuestras vidas están condicionadas por tantos factores ajenos a nosotros mismos que difícilmente puede hablarse de albedrío en nosotros como no sea para decidir en las miles de encrucijadas y aún así cuando lo hacemos existen factores que son externos a nosotros en esa decisión... Somos agüa y somos tierra, que formamos parte de Gaya cada uno y de ella nacemos y a ella retornamos para ser en ella como ella decida... Gaya que nos transforma, como se cambia a si misma, coqueta y joven...
Disfrutamos de una conciencia de ser como individuos y le damos el valor de lo importante porque somos,  ante todo, seres egoístas en nuestra minúscula individualidad, aún cuando sólo seamos individuos como parte de un sistema del que se nutre Gaya... Acaso nuestro papel en el conjunto gáyico sea otro además de este, que entender el Todo no está en mi intelecto y tampoco pretendo que lo esté, si no que sólo busco  respuestas, esas que siempre buscamos para tratar de entender lo que no se nos alcanza...
Somos un ente, una especie que se expande por el planeta como sólo pueden hacerlo las pestes, matando todo cuanto tocan...
Gaya sufre, su mal nos llega, que todos los seres vivos somos parte de Gaya y cuando ella enferma todas sus criaturas lo hacemos...
El libre albedrío tal vez exista como conciencia colectiva. Nosotros como especie pensando al unísono en parar el despropósito que creamos con nuestro salvaje modo de vivir.
El albedrío, como cuestión personal apenas es relevante para quien lo practica y en nada afecta al colectivo, que en nuestro tiempo nos arrastra en una espiral de desenfreno tan colosal que el sentido de lo que hacemos es nulo...
Cuando un camino no te conduce a parte alguna, salvo quizá al borde de un inmenso precipicio, lo lógico es retroceder y buscar otro sendero, ya que el que llevabas a ninguna parte te llevó... Como ente colectivo, el ser humano padece el mal de la fragmentación, que en un hormiguero todos sus miembros saben lo que han de hacer para el bien de la colonia y a una hormiga cuidadora no se le ocurre meterse al huerto de la colonia ni a una guerrera se le pasa por la imaginación recolectar hojas...
Pero nuestra conciencia colectiva no es la de un hormiguero, si no que está tan fragmentada como los mapas que explican el Mundo por naciones y países...
Además, nuestro ego individual, tan exacerbadamente potenciado siempre por el sistema de clases y la educación; nos ha conducido a posicionamientos tan diversos en todo que el ente colectivo que formamos se haya enfermo de pura fragmentación..., como un cristal que cayendo al suelo se parte en miles de pedazos rompiendo el todo... Sigue siendo Todo, pero su esencia se ha disgregado y ese dolor lo ha de sentir también nuestra Madre Gaya, que a ella todo lo que hacemos le duele... Es Gaya quien dispone de ese libre albedrío y será ella quien termine por utilizarlo contra lo que la está matando.
El libre albedrío... ¿Lo tenemos de verdad los humanos...? Antes de ser el que soy ahora, no era en absoluto determinista y de hecho despreciaba esa línea de pensamiento... Ahora, ese libre albedrío del que disfruto, me hace pensar de modo bien distinto... La verdad.
Seguimos un camino, el camino que debemos seguir y cuando caminamos debemos hacerlo seguros de los pasos que damos, porque cada uno de ellos ha de conducirnos inexorablemente al encuentro con nuestro destino.
De poco importa si tomamos decisiones del tipo qué mechas me pongo o del mañana subiré dos puntos el ipecé... El Camino está marcado y el ser humano como especie no tiene ni futuro ni redención... ¿Libre albedrío?
Lo tenemos para permitir que millones de nuestros hermanos perezcan cada día por pura indiferencia...
Somos como especie una Peste y como individuos seres ruines rezumantes de mezquindad que nos vanagloriamos por nadas y nos envanecemos por menos... Nuestro camino como especie está marcado y no es la continuación sino en todo caso, la evolución y la inmensa mayoría de vosotros no merece ser llamado a formar parte de ese Nuevo Humano... No, el libre albedrío nos condujo al precipicio...
Es todo. Salud. Vale.

Pedro San José

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