jueves, 22 de enero de 2015

Peste

 Aquella aldea era como cualquier otra de la zona más agreste de Castilla.
Corría el año nefasto de la Peste y en la gente el miedo era tan poderoso que apenas se hablaban unos con otros y cuando alguien forastero se acercaba a las lindes de las huertas se le recibía a pedradas...
No era mala gente, que no era eso, es que ya se habían escuchado rumores de Peste en Palacios y eso hacía que en aquellos aldeanos el terror a las pupas del mal del Demonio fuese más fuerte que otra cosa y aún entre los vecinos se güardaban distancias al cruzarse camino a casa o a los huertos.
Hoy esa aldea ya no es más que un montón de escombros amontonados de casas que han colapsado por el abandono y restos de paredes y muros en las más recias fachadas... apenas un par de casas podrían aún sacarse adelante con sus viejos muros, pero poco más y sin embargo en otro tiempo, cuando el cruel Pedro  ostentaba la corona de Castilla, las sencillas casas de mampuesto aún no eran éstas de ahora sino otras más simples que el Tiempo devoró hace mucho...
Hoy la maleza cubre las angostas callejuelas y los árboles más grandes se apoderan de corrales y patios mientras se ocupan de deshacer lo que queda con el concierto del Tiempo...
La Peste...
En aquellos días eran apenas cuarenta personas en total, de las que nueve eran niños de no más de nueve años.
El resto trabajaba duramente para sacar adelante sus casas y familias, algo que los propios niños aprendían cada vez que la ocasión de ocuparles en faenas se presentaba. Así, recolectaban judías, limpiaban grano y hacían cuantas cosas eran propias para niños, que esa era la única escuela que tenían y desde  luego; la única escuela que precisaban...
Pero aquella aldea del tiempo de la Peste yace bajo los escombros de esta que ahora se funde inexorable en Gaya.
Al cabo, lo que se temía, se llegó: Palacios estaba infectada y los cadáveres se amontonaban en callejones o plazas...
La Peste... Cada vez que pasó por aquí dejó un rastro de pestilencia y muerte
Los aldeanos, aturdidos, decidieron poner un control en la encrucijada del molino, de forma que se asegurasen que nadie tomaría el tortuoso sendero que llevaba a nuestra aldea... Pero sería el agüa, o que estaba de ser, uno de aquellos vigías subió la Peste a la aldea y al cabo de unas semanas todos ellos estaban muertos sin que un solo viajero hubiese pensado siquiera dejar el camino real y adentrarse en una triste vereda...
No os diré el nombre de ese sitio, que hasta las fotos que acompañan mi texto son falsas porque corresponden a otros sitios que nada tienen que ver con lo que se cuenta...
Algunos saltarán aquí para llamarme impostor o cosas peores, que hay cada uno...
Pero me da igüal....
El caso es que en ese mismo lugar volvió a vivir gente al cabo de ochenta años y que gente hubo siempre por un tiempo y luego devastación y olvido por otro...
Esa aldea, arrasada por la Peste; volvió a vivir escenas terribles de Peste hace apenas setenta años, que el tiempo no es nada y en este caso sólo la medida de un tiempo...


La última vez que La Peste visitó nuestra aldea, lo hizo con olor de azufre y a sangre y fuego... Tal como entonces, los más ignorantes siguen marcando la pauta y el resto atiende sus estrafalarios argumentos y se sumerge en una vorágine de falacias y esperpentos solo para pasar de puntillas ante la desolación que sus locuras causan...
Apenas unas décadas desde el último obús... Nada... Y sin embargo todo es diferente, que La Peste arrasó por allí por donde hubo pasado y nuestra triste aldea, por más que trató de levantarse una y otra vez y por más que llegó a alcanzar en tiempos prestigio y rentas; terminó de nuevo sumida en el más oscuro olvido...
No es fácil para mí el tema este de La Peste, porque ahora la Peste que nos socaba y nos mata es una Peste con apariencia humana...
Siempre creciendo, siempre más fuerte que ayer...
Peste, que donde quiera que se asienta arrasa lo que encuentra hasta transformar fértiles campos en yermos barrizales atestados de sustancias tan terribles que Gaya llora lágrimas ardientes...
Pero acabemos la entrada en aquella aldea donde empezamos y echémosle un vistazo a las pocas piedras que aún se sostienen unas sobre las otras y admiremos la maestría de aquellos errantes canteros que vivían de aldea en aldea y de lugar en lugar para desarrollar su mágico oficio...
Que ahí están, que cualquiera que pase por allí podrá verlas y aunque estas que os pongo no son aquellas, mirando estas podréis contemplar aquellas, que sólo esperan a las gentes que quieran hacerlas renacer, pues en su renacimiento estará también el futuro de nuestro Pueblo... En su más remoto pasado, cuando se temía a la Peste más que al mismo Demonio. Salud. Vale.

Pedro San José


1 comentario:

  1. Hoy es veintitrés de febrero... Aún recuerdo aquél veintitrés efe del tejero y su panda de pikoletos salvalspañas... Hoy he hecho un recorrido por los foros y esta mañana escuché la radio y sólo algunas reseñas y algún comentario y poco más, mientras el país se debate en desilusión y desesperanza... ¡Ay, Mercedes...! ¡Ke asco de este Todo, de verdad...!

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