jueves, 15 de enero de 2015

Niebla

Nuestra razón, esa extraña capacidad humana, con frecuencia se ve ofuscada por condicionantes que nos impiden ver la realidad como debiéramos, mostrándonos sólo una pequeña porción de esa realidad, apenas vislumbrada entre jirones espesos de mentiras.
El mundo que nos ha tocado vivir es un lugar terrible, donde las personas somos cada vez más individualistas y por esa razón más insolidarias con nuestros semejantes.
En medio de esa niebla, perdidos en ella, nos dejamos conducir por aquellos en quienes confiamos en la creencia de que nos han de llevar a buen puerto y que ellos conocen el camino por más que están tan perdidos como nosotros mismos.
Este hecho se puede apreciar con toda claridad en la política, la religión, la educación... En todas las facetas de la vida sucede que unos pocos se erigen en líderes, en los guías que nos habrán de sacar de esa niebla en la que caminamos. Pero en cada ocasión terminamos más perdidos, siguiendo los pasos de quienes fingen conocer la senda hacia el sol del conocimiento, que por lo general jamás alcanzamos.

 Somos como niños, que se dejan conducir por sus mayores sin sentir temor ni desconfianza, en la creencia de que ningún mal nos ha de acontecer si estamos con quienes nos llevan.
Pero la niebla que nos envuelve termina por difuminar no sólo el paisaje si no también los propios rostros de aquellos que caminan a nuestro lado, pues en lugar de hacerse menos densa, la niebla en la que vivimos inmersos se espesa más y más tras cada paso.
Sin embargo no siempre ocurre el vivir sólo niebla, que existen muchas zonas de penumbra clara e incluso grandes parcelas rebosantes de Luz... A veces basta con una ligera brisa para que el horizonte se vislumbre, llano, extendiéndose hacia la lejanía...
Una leve brisa, como el suspiro de un dios dormido capaz de despejar el camino de brumas y temores. Basta conque quienes caminan juntos se sientan unidos y conformen una sola cosa, una unidad capaz de conducirse con lealtad y amor, pues ante el desfallecimiento de uno surgirá la decisión del otro y así el camino terminará llevándonos hasta el lugar donde empieza el reino de La Luz, que todos intuimos pero que muy pocos llegamos a alcanzar.
Es un hecho, vivimos entre espesos mantos de niebla, pero se puede salir de ella, que muchos lo hemos hecho y algunos de nosotros más de una vez.
Sin embargo os recomiendo que no hagáis nunca el viaje solos, que yo lo hice y casi me quedé por el camino.
Id de la mano de aquellos a los que sabéis mejor de lo que os sabéis a vosotros mismos, que con esa compañia habréis de superar todos los escollos por muy duros que sean, pues junto a quienes os aman con desprendimiento y ternura hasta el más insoportable de los dolores se atenúa y la más oscura de las nieblas se disipa.
Y cuando al fin alcancéis el punto que marca el principio del resto de vuestro viaje, deteneos unos instantes a descansar bajo la sombra del anciano roble y acostumbrad vuestros ojos a la cegadora Luz que deslumbra a quienes por vez primera la contemplan...
Puede que yo solo sea un iluminado, que al fin ahora sólo se precisa un ordenador para parecer un gurú de los que alcanzan el Nirvana sólo con oler incienso ¿quién lo sabe? El caso es que yo tomé la mano a quien me está acompañando en este nuevo tránsito y apenas han pasado unos pocos días y ya estamos bajo la sombra del viejo roble, donde la mentira no es aceptable y a donde los mentirosos jamás llegan, pues la niebla que les envuelve no les permite siquiera vislumbrar a tan hermoso ser.


Vosotros ved en mi relato lo que queráis ver, que no dejaréis de verlo entre brumas y más si vivís rodeados de mentiras, que cuando la vida transcurre de ese modo, quien así lo hace termina no siendo capaz de distinguir la realidad de lo que sólo es un cuento y habrán de pensar que son cuentos lo que a todas luces se muestra como una abrumadora realidad.
No es iluminado el que ve, ni es bondadoso el que hace daño, no es leal el que traiciona ni es culpable quien es víctima. No es un demente el que habla con la verdad y tampoco es inteligente quien ha forjado su personalidad en medio de seres abyectos y a pesar de ello les otorga su amor y lealtad... Pensará que está acercándose al viejo roble, pero en realidad jamás podrá disfrutar de su sombra. 
Salud. Vale.

Pedro San José..

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