miércoles, 21 de enero de 2015

De las apariencias

El ser humano es una criatura repleta de vanidad...
Somos más tiempo lo que pretendemos ser que lo que somos e ignoramos lo que somos porque nos comportamos imitando al yo que creemos ser, lo que nos convierte en caricaturas de seres que sólo existen porque los inventamos.
En eso consiste la apariencia, en crear una fábula sobre nosotros mismos que llegue a ser plausible, no sólo para los demás sino incluso para quien la crea.
El mundo de las prisas ha transformado al ser humano en una especie soberbia y engreída que se complace en la apariencia a despecho de lo importante, que en el aparentar se difumina y se pierde.
Así, vivimos un tiempo de locura, donde la verdad es difícil de ver, pues las apariencias son lo que importa y el modo en que estamos interactuando con los demás nos impone una serie de normas y de fórmulas que tienen que ver con modos, maneras y modas a las que no conviene sustraerse si se quiere formar parte del absurdo Todo en que se desenvuelve la sociedad del consumo en la que tenemos la desgracia de vivir en estos países capitalistas que nos han visto nacer.
Yo no soy parte de esa vorágine, que vivo al margen de ella y por esa razón puedo escribir sobre lo que veo con un necesario distanciamiento, por más que no estoy ajeno al Todo, que el Todo lo es en sí mismo y a todos no engloba de alguna manera. Pero no estoy en el teatro de las vanidades ni pertenezco al club de la apariencia, que tan absurdo me ha parecido siempre. No, yo soy otra cosa y lo digo con orgullo por más que ser otra cosa me haya transformado en un Diógenes de mi tiempo, esto es, un chiflado a ojos de los que viven en la apariencia de ser.
 No es concebible para quien vive con la sencillez de un paria el incesante ajetreo del mundo de las prisas, su irritante movimiento sin sentido de aquí para allá para en realidad no terminar en ningún sitio.
"¡Tururum! ¡Tururum! ¡Tum, tum!" y así todos los días y de ese modo todo el año, que el tururum no cesa en este extraño tiempo regido por el reloj...
La Fiestaaa... Ya sé que hay a quienes este término les resulta fuera de contexto en algunos de mis escritos, pero no es este el caso ni lo es en otros muchos, que la Fiestaaa es el día a día de muchos en el Mundo, porque resulta ser su trabajo y desde luego lo es para una gran cantidad de ciudadanos de mi país... "¡Fiestaaa...! ¡U, uuuh!"
Y en ese mundo del tururum y de la Fiestaaa, las apariencias y las vanidades son parte del asunto de un modo especial, que nadie es lo que aparenta en esos sitios y hasta el más abyecto ha de mostrarse en ellos sonriente y afable, cortés y cortesano...
No, no entiendo... Trato de entenderlo, pero no alcanzo a hacerlo por más que me digo que la Fiestaaa está bien y que un poco de fiesta no le viene mal a nadie, pero es que la Fiestaaa se ha apoderado de la esencia de los seres de mi tiempo de un modo como sólo es capaz de hacerlo algo tan demoníaco como esta tecnología que utilizo cada día.
Sin embargo no toca hoy hablar de interné ni de las tecnologías que nos esclavizan, que eso queda para otros días y otras hojas virtuales, que serán estas siendo otras. Hoy se trata del modo en que nos transformamos en otros en base a unos parámetros que otros marcan y que nos imponemos a nosotros mismos para, simplemente estar a la ... La moda... He visto pasar cientos de extrañas modas... ¿Cientos? Muchos cientos de ellas y es ahí donde está el sinsentido de todo esto... En el breve lapso de mi vida han cambiado tanto tantas cosas que aquello que era importante en mi niñez es hoy apenas una costumbre en unos pocos y el resto apenas tiene recuerdos de lo que fue antes del teléfono móvil...
Vivimos alienados por tantas cosas que no soportamos la falta de una de ellas y en algunos es una situación insoportable no poder disponer del último modelo de esto o de aquello, como si sin la cosa en si no se pudiese soportar la vida...
Absurdo, si, pero tan cierto que causa espanto a nada que te pares a pensarlo y por lo tanto no recomiendo a nadie que se ponga a ello.
no, seguid en lo vuestro, que espero esté poco influenciado por todo este maremagno de idioteces que caracterizan la vida moderna de nuestras ciudades y nuestro entorno...
No, yo no soy como vosotros... Al menos no creo ser como la inmensa mayoría de vosotros, a los que os imagino inmersos en la vida de una ciudad, con movidas jornadas llenas de miradas al reloj... Yo no miro el reloj, excepto si miro a la parte izquierda de mi barra de inicio, cosa que no sucede con demasiada frecuencia pues cuando lo hago es para ver el día en que vivo o si es ya momento de apagar este trasto... Tengo un reloj, es cierto, que me regalaron uno hace algunos años y aún funciona, pero no me lo pongo y ahí está, marcando su tic tac de litio tan tranquilo en un cajón...
No, yo soy más de otro mundo, un mundo que agoniza entre tururum y mucho egoísmo, que la soberbia y el engreimiento que provoca en nosotros la vanidad y el amor por uno mismo, nos conduce a un mundo deshumanizado, donde los sentimientos de amor y de respeto son para mofa de aquellos que los tienen por bandera, pero se complacen en la maldad de los seres ruines y perversos...
En mi país existen miles de lugares abandonados a su suerte y siete millones de ciudadanos deseosos de labrarse una nueva vida, lejos del tururum de la Fiestaaa... Es triste que quienes debieran proveer por el bienestar del Pueblo, sean tan esclavos de la Maldad que asola el Mundo...
Ser vanidoso el ser humano... Ser ruín y despreciable que se complace en matar a Gaya, mientras la abandona a su suerte en los lugares en que siempre le dio vida...
Ser que se recrea a si mismo mientras se degrada y abandona al incesante tururum...
Es todo. Salud. Vale.

Pedro San José








2 comentarios:

  1. Es que no me resisto a comentar esta entrada... A mi amor de invierno, la dulce sorgina que trata con hierbas mis desvaríos; esta entrada no le gusta, que cuando algo no le gusta ella lo dice y ya está... En este caso es esa alusión mía al mundo de la Fiestaaa, del que ella vivió durante muchos años.
    Yo trabajé en una orquesta una vez, pero sólo era el que llevaba el camión de los trastos y además ese tipo de fiestaaa poco o nada tiene que ver con la esencia de la Fiestaaa, que como todos saben reside en Ibiza desde hace décadas...
    A mí me parece bien que haya tanto amor a la Fiestaaa, que más que amor es devoción de sus devotos; pero abomino de ese mundo como abomino de La Peste
    Esto a ella no parece agradarle, por más que en petit telefoné admite que todo cuanto digo es cierto...

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  2. Mi amor de invierno... ¡Ay, Mercedes...!
    Sorgina tú, mártir yo...
    Es lo que hay... Así de claro.
    Determinismo. Mua

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